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Internacional Situacionista Nº 1, junio 1958 (50 años!) [IS]
Escrito por Planeta X
jueves, 26 de junio de 2008
internacional situacionista: junio 1958-setiembre 1969
extracto de Instrucciones para tomar las armas, publicado enInternationale Situationniste #6, 1961. todos los números disponibles en el archivo situacionista en español, acá>>
"Si hay algo que hace reír cuando se habla de revolución, es
evidentemente porque el movimiento revolucionario organizado desapareció hace
tiempo en los países modernos, donde se concentran precisamente las
posibilidades de una transformación decisiva de la sociedad. Pero el resto es
mucho más irrisorio todavía, puesto que se trata de lo existente y de las
diversas formas de su aceptación. El término "revolucionario" está
desprestigiado hasta el punto de designar en la publicidad los cambios mínimos
en los detalles de la producción incesantemente modificada de mercancías,
porque no se expresan todavía en ninguna parte las posibilidades de un cambio
central deseable. El proyecto revolucionario de nuestros días
comparece como acusado ante la historia: se le acusa de haber fracasado, de
haber producido una nueva alienación. Esto vuelve a constatarnos que la
sociedad dominante ha sabido defenderse, en todos los planos de la realidad,
mucho mejor de lo que preveían los revolucionarios. No es que se haya vuelto más
aceptable. Lo que pasa es que hay que reinventar la revolución, eso es todo.
Esto plantea un conjunto de problemas que deberán ser dominados teórica y
prácticamente en los próximos años. Se pueden señalar sumariamente algunos
puntos sobre los cuales es urgente llegar a un acuerdo.
De la tendencia a un reagrupamiento que manifiestan estos años diversas
minorías del movimiento obrero en Europa, no podemos quedarnos más que con la
corriente más radical, que actualmente se agrupa alrededor de la consigna de los
Consejos Obreros. Y no hay que perder de vista que elementos simplemente
confusionistas buscan posicionarse en esta confrontación (ver el acuerdo
recientemente alcanzado entre revistas filosófico-sociológicas "de
izquierda" de diferentes países).
Los grupos que buscan crear una organización revolucionaria de un nuevo tipo
encuentran su mayor dificultad a la hora de establecer relaciones humanas
nuevas en el interior de una organización semejante. La presión omnipresente de
la sociedad se ejerce contra este intento. Pero no podemos salir de la política
especializada si no es con métodos que aún hay que experimentar. La
reivindicación de la participación de todos vuelve a ser la necesidad sine qua
non para la gestión de la organización, y posteriormente de la sociedad
realmente nueva, en lugar de un deseo abstracto y moralizador. Si no son más
que simples ejecutores de las decisiones de los amos del aparato, los
militantes corren el peligro de verse reducidos al papel de espectadores de los
que entre ellos están más cualificados para la política concebida como
especialización, y de reconstruir al otro lado la relación de pasividad del
viejo mundo.
La participación y la creatividad de las personas dependen de un proyecto
colectivo que concierne explícitamente a todos los aspectos de lo vivido. Es
también el único camino para "encolerizar al pueblo" haciendo
aparecer el terrible contraste entre las posibles construcciones de la vida y
su miseria actual. Sin la crítica de la vida cotidiana, la organización revolucionaria
es un medio separado, así como convencional y finalmente pasivo, como esas
ciudades de vacaciones que son el terreno especializado del ocio moderno.
Algunos sociólogos, como Henri Raymond al estudiar Palinuro, han puesto en
evidencia el mecanismo del espectáculo que recrea, bajo la modalidad del juego,
las relaciones de la sociedad global. Pero se han felicitado ingenuamente por
la "multiplicación de los contactos humanos", por ejemplo, sin
reconocer que el aumento simplemente cuantitativo de estos contactos los hace
tan triviales e inauténticos como en todas partes. El programa político común
no asegura en ningún sentido la comunicación entre las personas, ni siquiera en
el grupo revolucionario más anti-jerárquico y libertario. Los sociólogos son
partidarios de un reformismo de la vida cotidiana, de organizar la compensación
en las vacaciones. Pero el proyecto revolucionario no puede aceptar la idea
clásica de juego limitado en el espacio, en el tiempo y en su profundidad
cualitativa. El juego revolucionario, la creación de la vida, se opone al
recuerdo de pasados juegos. Las ciudades de vacaciones del "Club
Mediterráneo" se sostienen por una ideología polinesia de pacotilla para
coger a contrapié el tipo de vida llevado durante cuarenta y nueve semanas de
trabajo, igual que la
Revolución francesa se produjo bajo el disfraz de la Roma republicana, o que los
revolucionarios de hoy se ven, se definen a sí mismos por lo que tienen de función
de militante bolchevique o de otro tipo. La revolución de la vida
cotidiana no sabrá extraer su poesía del pasado, sino sólo del futuro.
Precisamente hay que hacer una corrección precisa a la crítica de la idea
marxista de la extensión del tiempo del ocio a partir de la
experiencia del ocio vacío del capitalismo moderno: es cierto que la plena
libertad del tiempo necesita ante todo la transformación del trabajo y su
apropiación con fines y condiciones totalmente diferentes a los del trabajo
forzado existente hasta ahora (cf. la acción de los grupos que publican en Francia
Socialisme ou Barbarie, en Inglaterra Solidarity for the Workers
Power, en Bélgica Alternative). Pero los que partiendo de esto
cargan el acento sobre la necesidad de cambiar el trabajo en sí mismo, de
racionalizarlo, de interesar a las personas, descuidando el contenido libre de
la vida (de un poder creativo equipado materialmente que se trata de
desarrollar más allá del tiempo de trabajo clásico -él mismo también
modificado- así como más allá del tiempo de reposo y distracción), asumen el
riesgo de encubrir en realidad una armonización de la producción actual, un
mayor rendimiento, sin que se plantee críticamente lo vivido mismo de la
producción, la necesidad de esta vida en el plano de contestación más
elemental. La construcción libre del espacio-tiempo de la vida individual es
una reivindicación que habrá que defender contra todos los sueños de armonía de
los candidatos a managers del próximo orden social.
No pueden comprenderse los diferentes momentos de la actividad situacionista
hasta hoy más que desde la perspectiva de una nueva aparición de la revolución,
no sólo cultural, sino social, cuyo campo de aplicación deberá ser
inmediatamente más amplio que el de todos sus intentos anteriores. La Internacional
situacionista no tiene pues que reclutar discípulos o partidarios, sino reunir
personas capaces de dedicarse a esta tarea en los próximos años, por todos los
medios y sin que importen las etiquetas. Lo que quiere decir, de paso, que
debemos rechazar, tanto como las supervivencias de las conductas artísticas
especializadas, las de la política especializada, y particularmente el
masoquismo post-cristiano común a tantos intelectuales en este terreno. No
pretendemos de-sarrollar solos un nuevo programa revolucionario. Decimos que
este programa en formación contestará un día, en la práctica, la realidad
dominante, y que nosotros participaremos en esta contestación. Sea lo que sea
lo que podamos llegar a ser individualmente, el nuevo movimiento revolucionario
no se hará sin que se tenga en cuenta lo que hemos buscado juntos, que puede
expresarse como el paso de la vieja teoría de la revolución permanente
restringida a una teoría de la revolución permanente generalizada."
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