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(09-12-09) Primero como tragedia, después como farsa* [Slavoj Zizek]
Escrito por Planeta X   
miércoles, 09 de diciembre de 2009

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LAS LECCIONES DE LA PRIMERA DÉCADA[1]

 

(…) Marx empezó su XVIII Brumario con una corrección a la idea de Hegel de que la historia se repite necesariamente: “Hegel observa en algún lugar que todos los grandes acontecimientos y personajes de la historia del mundo ocurren, así por decirlo, dos veces. Se olvidó de agregar: la primera vez como tragedia, la segunda vez como farsa”[2].

 

(…) Ya no hay más una jerarquía de grupos sociales dentro de una misma nación -los residentes de una ciudad viven en un universo para el cual, dentro de su imaginario ideológico, el mundo que rodea a la clase baja simplemente no existe. ¿No son estos "ciudadanos globales" que viven en áreas recluidas el verdadero polo opuesto a los que viven en barrios bajos y otras "manchas blancas" de la esfera pública? Ellos son, efectivamente, dos caras de la misma moneda, los dos extremos de la nueva división de clases. La ciudad que ejemplifica mejor esa división es la Sao Paulo del Brasil de Lula, que se jacta de tener 250 helipuertos en su área céntrica. Para aislarse de los peligros de mezclarse con personas corrientes, el rico de Sao Paulo prefiere utilizar helicópteros, así, echando una mirada alrededor de la ciudad, uno se siente realmente como en una megalópolis futurista como las fotografiadas en films como Blade Runner o El Quinto Elemento, con personas comunes que se enjambran en las calles peligrosas abajo, mientras el rico flota alrededor en un nivel más alto, arriba en el aire. Así parece que la utopía de Fukuyama de los años noventa tuvo que morir dos veces, ya que el desplome de la utopía política liberal-democrática del 11/9 no afectó la utopía económica del capitalismo de mercadotecnia global; si el derrumbe financiero del 2008 tiene un significado histórico, entonces lo es como un signo del fin de la faceta económica del sueño de Fukuyama. Lo que nos devuelve a la paráfrasis de Hegel hecha por Marx. En una introducción a una nueva edición del XVIII Brumario en los años sesenta, Herbert Marcuse le agregó otra vuelta más de tuerca: A veces, la repetición en el modo de farsa puede aterrorizar más que la tragedia original. (…)

 

¡ES IDEOLOGÍA, ESTÚPIDO!

 

(…) ¿Pero es la economía realmente una ciencia? Mientras Sorman[3] admite que el mercado está lleno de conductas y reacciones irracionales, su prescripción es ­no ya psicología, sino "neuroeconomía":

Los actores económicos tienden a comportarse racionalmente e irracionalmente. El trabajo de laboratorio ha demostrado que parte de nuestro cerebro es culpable de muchas de nuestras decisiones a corto plazo económicamente erróneas, mientras otra parte es responsable de las decisiones que tienen sentido económico, tomando generalmente una visión más larga. ¿Así como el estado nos protege de la asimetría de Akerlof prohibiendo nuestra negociación interna, también nos debe proteger de nuestros propios impulsos irracionales?[3]

 

Por supuesto, Sorman es rápido al agregar que:

sería absurdo utilizar la economía conductista para justificar la restauración de regulaciones excesivas del estado. Después de todo, el estado no es más racional que el individuo, y sus acciones pueden tener consecuencias enormemente destructivas. La neuroeconomía nos debe favorecer en hacer los mercados más transparentes, no más regulados.

Con esta feliz regla híbrida de la ciencia económica suplementada con la neuroeconomía, se marchó la época de los sueños ideológicos enmascarados como ciencia -como en Marx, cuyo trabajo "puede ser descrito como una reescritura materialista de la Biblia con todos los pesonajes allí presentes, con el proletariado en el papel de Mesías. El pensamiento ideológico del siglo XIX es, sin debate alguno, una teología materializada”. Pero incluso si el marxismo esta muerto, el emperador desnudo continúa cazándonos envuelto en nueva ropa, entre ellas el ecologismo:

Nada de simples amotinadores, los Verdes son los sacerdotes de una nueva religión que pone a la naturaleza encima de la humanidad. El movimiento ecologista no es un vestíbulo agradable de paz y amor sino una fuerza revolucionaria. Como muchas religiones de estos días, sus males designados son ostensiblemente denigrados sobre la base del conocimiento científico: el calentamiento climático, la extinción de especies, la pérdida de la biodiversidad, las súper hierbas. De hecho, todas estas amenazas son invenciones de la imaginación Verde. Los Verdes piden prestado su vocabulario a la ciencia sin avalarse a sí mismos su racionalidad. Su método no es nuevo; Marx y Engels también fingieron para arraigar su visión del mundo en la ciencia de su tiempo, el darwinismo.

Sorman por lo tanto acepta el reclamo de su amigo José María Aznar que el movimiento ecológico es el "el Comunismo del siglo XXI":

Es cierto que el ecologismo es una recreación del Comunismo, el actual [tipo de] anticapitalismo, sin embargo, su otra mitad está compuesta un cuarto de utopía pagana, del culto a la naturaleza, que es mucho más temprano que el marxismo, que es la razón de que el ecologismo sea tan fuerte en Alemania, de tradición naturalista y pagana. El ecologismo es así un movimiento anti cristiano: la naturaleza precede al hombre. El último cuarto es racional, hay verdaderos problemas para los cuales existen soluciones técnicas.

Veamos el término "solución técnica": los problemas racionales tienen soluciones técnicas. (Otra vez, un reclamo erróneo: enfrentar los problemas ecológicos requiere elecciones y decisiones acerca de lo qué producir, lo qué consumir, con qué energía mantenerse -lo cual definitivamente concierne al estilo de vida de un pueblo; y como tal, no se trata sólo de técnicas, sino eminentemente de política en el sentido más radical de implicar elecciones sociales fundamentales). No es de extrañar, entonces, que el capitalismo mismo sea presentado en términos técnicos, ni siquiera como una ciencia sino simplemente como algo que trabaja: no necesita justificación ideológica, porque su éxito es justificación suficiente. En este sentido, el capitalismo "es lo contrario del socialismo, que tiene un manual": "El capitalismo es un sistema que no tiene pretensiones filosóficas, que no está en busca de la felicidad. Lo único que dice es: ‘Bien, esto funciona’: Y si las personas quieren vivir mejor, es preferible utilizar este mecanismo, porque funciona. El único criterio es la eficiencia”. Esta descripción anti-ideológica es, por supuesto, evidentemente falsa: la noción del capitalismo como un mecanismo social neutral es ideología (aún ideología utopista) en su máxima pureza. La hora de la verdad en esta descripción es sin embargo, como Alain Badiou lo escribe, que el capitalismo efectivamente no es una civilización por sí misma, con una manera específica de conferir sentido a la vida. El capitalismo es el primer orden socioeconómico que destotaliza el significado: no es global a nivel del significado (no hay una “cosmovisión capitalista”  ni una “civilización capitalista” apropiada. La lección fundamental de globalización es precisamente que el capitalismo puede acomodarse a todas las civilizaciones, de la cristiana a la hindú y la budista). La dimensión global del capitalismo puede ser formulada sólo en el nivel de verdad sin significado, como lo "real" del mecanismo de mercadotecnia global. El problema aquí está no, como Sorman reclama, en que la realidad es siempre imperfecta, y que las personas siempre deben entretenerse en sueños de perfección imposible. El problema es un problema de significado, y es aquí donde ahora la religión reinventa su papel, descubriendo de nuevo su misión de garantizar una vida significativa a los que forman parte del funcionamiento sin sentido de la máquina capitalista. De ahí que la descripción de Sorman de la dificultad fundamental de la ideología capitalista sea tan desubicada:

Desde un punto de vista intelectual y político, la gran dificultad en administrar un sistema capitalista es que no ocasiona sueños: nadie sale a la calle para manifestarse en su favor. Es una economía que cambió completamente la condición humana, que ha cuidado a la humanidad de la miseria, pero nadie está dispuesto a convertirse en un mártir de este sistema. Debemos aprender a tratar con la paradoja de un sistema que nadie desea, y que nadie desea porque no da chance para amar, porque no es encantador, no es seductor.

Esta descripción es, otra vez, de evidente falsedad: si existió alguna vez un sistema que encantó a sus sujetos con sueños (de libertad, de cómo tu éxito depende de vos mismo, de la racha de suerte que está a la vuelta de la esquina, de libres placeres…), ése es justamente el capitalismo. El verdadero problema está en otra parte: ¿cómo mantener viva la fe de las personas en el capitalismo cuando la realidad inexorable de una crisis ha aplastado brutalmente tales sueños? Aquí entra la necesidad de un pragmatismo realista "maduro": uno debe resistir heroicamente sueños de perfección y felicidad y aceptar la realidad capitalista amarga como el mejor (o el menos malo) de todos los mundos posibles. Un compromiso es necesario aquí, una combinación de luchadoras esperanzas utopistas ilusorias y dar a la gente suficiente seguridad para aceptar el sistema. Sorman no es así ningún fundamentalista de mercado-liberal ni un extremista; él menciona orgullosamente que algunos seguidores ortodoxos de Milton Friedman lo acusaron de ser un comunista a causa de su (moderado) apoyo al estado benefactor:

No hay contradicción entre Estado y liberalismo económico; al contrario, hay una alianza compleja entre los dos. Pienso que la sociedad liberal necesita un estado benefactor, primero, con respecto la legitimidad intelectual, la gente aceptará la aventura capitalista si hay un mínimo imprescindible de seguridad social. Además de esto, en un nivel más mecanicista si uno pretende que la creatividad destructiva del capitalismo funcione, uno tiene que administrarla.

Raramente fue función de la ideología describirse en términos más claros -defender el sistema existente contra alguna crítica grave, legitimándolo como una expresión directa de la naturaleza humana:

Una tarea esencial de los gobiernos democráticos y de los formadores de opinión al enfrentar lo ciclos económicos y la presión política es curar y proteger el sistema que ha servido tan bien a la humanidad, y no cambiarlo por uno peor so pretexto de su imperfección… Todavía esta lección es indudablemente una de las más duras de traducir al idioma que la opinión pública aceptará. El mejor de todos sistemas económicos posibles es verdaderamente imperfecto. Cualesquiera sean las verdades descubiertas por la ciencia económica, el libre mercado es reflejo de la naturaleza humana, en sí misma difícilmente perfectible.

 

Tal legitimación ideológica también ejemplifica perfectamente la fórmula precisa de Badiou acerca de la paradoja básica de la propaganda enemiga: lucha contra algo respecto a lo cual es por sí misma ignorante, algo para lo cual está estructuralmente ciega -no contra las verdaderas fuerzas contrarias (oponentes políticos), sino contra la posibilidad (el potencial revolucionario-emancipador utópico) que es inmanente a la situación: “El objetivo de toda propaganda enemiga no es el de aniquilar una fuerza existente (esta función es dejada generalmente a las fuerzas policiales), sino aniquilar una posibilidad inadvertida de la situación. Esta posibilidad es también inadvertida por aquellos que conducen esta propaganda, ya que sus características son las de ser simultáneamente inmanente a la situación y no aparecer en ella”[4].

De ahí que la propaganda enemiga contra la política emancipadora radical sea por definición cínica -no en el simple sentido de no creer sus propias palabras, sino en un nivel mucho más básico: es cínica precisamente en la medida en que efectivamente cree sus propias palabras, ya que su mensaje es una resignada convicción de que el mundo en que vivimos, aun cuando no sea el mejor de todos mundos posibles, es el menos malo, tanto que cualquier cambio radical sólo haría las cosas peores. Como siempre con la propaganda efectiva, esta normalización puede ser fácilmente combinada con su opuesta, leyendo la crisis económica en términos religiosos. Benedicto XVI, siempre agudo cuando llega la maniobra oportunista, fue expeditivo en capitalizar la crisis financiera con estas líneas: "¡Esto demuestra que todo es vanidad, y que sólo la palabra de Dios permanece!" (…)

 

*Traducción para esta Biblioteca de algunos fragmentos iniciales del reciente libro, inédito en español: First as tragedy, then as farce, Slavoj Zizek, 2009.

 

 



[1] N del T: Corresponde al subtítulo de la Introducción del libro. El autor se refiere a esta primera década del milenio.
[2] Karl Marx, El XVIII Brumario de Luis Bonaparte, en Inspecciones del exilio, Ed. David Fernbach, 1973.

 

[3] N del T: Todos los extractos en itálicas son transcripciones que el autor hace de un artículo reciente de un filósofo y economista francés, conocido referente del neoliberalismo, Guy Sorman. El artículo citado es: Guy Sorman, La economía no miente. City Journal, Summer 2008. www.cityjournal.org

[4] Alain Badiou, Seminarios sobre Platon, Febrero 2008 (no publicado).


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  Comentarios (3)
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 1 Escrito por Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla , el 12-07-2010
El capitalismo es la expresión máxima de imperfectibilidad humana tal es asi que se vuelve inhumana.Prefiero seguir cediendo el espacio a la reflexión.
 2 Escrito por Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla , el 26-02-2011
MUY BUEN TEXTO,VOY A RELEERLO PARA COMENTAR Y COMPARTIR
 3 Escrito por Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla website, el 02-02-2012
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