Es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin de capitalismo
Escrito por Planeta X
viernes, 26 de marzo de 2010
Es más fácil imaginar el fin del
mundo
que
el
fin de capitalismo [por Mark Fisher ] *
En una de las escenas
claves de la película "Niños del
Hombre" (Alfonso Cuarón, 2006), el
personaje interpretado por Clive Owen, Theo, visita a un amigo en la
Estación Eléctrica
de Battersea, la cual ahora es una combinación entre un edificio
gubernamental
y una colección privada. Tesoros culturales - el David de Miguel
Angel, el Guernica
de Picasso, el cerdo inflable de Pink Floyd - se encuentran siendo
preservados
en un edificio que es, en sí mismo, un restaurado artefacto[1]heredado. Este es nuestro unico y
fugaz vistazo a las vidas de la elite, detenida frente de los efectos de
una
catástrofe que ha causado la esterilidad masiva: ningún niño ha nacido
por una
generación. Theo pregunta, "como puede ser que todo esto importe si no
va a
haber nadie que lo pueda ver?". La cohartada ya no pueden ser las
futuras
generaciones desde el momento en que no va a haber ninguna. La repuesta
es
hedonismo nihilista: "Trato de no pensar en eso".
Lo que es único
acerca de este espacio distópico[2]en "Niños
del hombre" es que él mismo es específico del capitalismo más
reciente. No
es el escenario totalitarista más familiar como los que pueden ser visto
más
comúnmente en aquellas distopías cinematicas (ver por ejemplo, V de Vendetta
de James Mc Teigue, 2005). En la novela de P.D.
James , sobre la cual está basada la película, la democracia está
supendida y el país está gobernado por un alcalde autoproclamado, pero,
sábiamente,
el film minimiza todo eso. Por lo que sabemos, las medidas autoritarias
que se
encuentran aplicadas en todos lados podrían haber sido implementadas
dentro de
una estructura política que permance, supuestamente, democrática. La Guerra
al Terror (War on Terror) nos ha preparado para
un desarrollo como ese: la normalización de la crisis produce una
situación en
la cual la derogación de medidas llevadas a cabo para hacer frente a una
emergencia es algo imposible de imaginar (cuando se va a terminar la
guerra?).
Ver "Niños del hombre",
inevitablemente nos
recuerda la frase atribuída a Fredric Jameson y Slavoj Zizek, acerca de
que es
más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Ese
slogan
captura muy precisamente lo que quiero decir con "realismo capitalista":
la
sensación ampliamente diseminada de que no solo es el capitalismo el
único
sistema viable, económica y políticamente, sino también de que ahora es
imposible incluso imaginar una
alternativa coherente para eso. Alguna vez, los filmesy
novelas sobre distopías eran ejercicios en
tales actos de imaginación - los desastres que describían actuaban como
pretexto narrativo para el surgimiento de diferentes formas de vida.
No lo es tal en "Niños del
hombre". El mundo que la
pelicula proyecta parace ser más una extrapolación o exacerbación del
nuestro
que una alternativa a ello. En ese mundo, como en el nuestro, el
ultra-autoritatismo y el Capital no son para nada incompatibles: campos
de
detención y los bares con franchising coexisten. En "Niños del
Hombre", el espacio público está abandonado, entregado a
la basura no recolectada y a animales acechadores (una escena
especialmente
resonante se desarrolla dentro de una escuela abandonada, a través de la
cual
corre un ciervo). Neoliberales, los realistas del capitalismo por
excelencia,
han celebrado la destrucción del espacio público pero, contrario a sus
esperanzas oficiales, no hay un cuestionamiento acerca de en qué se va a
convertir el Estado en "Niños del Hombre",
solo una reducción del Estado a sus funciones principales militaristas y
policiales (digo, esperanzas "oficiales" desde que el neoliberalismo
subrepticiamente se apoyó en el Estado, incluso cuando lo ha
desfenestrado
ideologicamente. Esto fue espectacularmente claro durante la crisis de
los
bancos en el 2008, cuando, mediante la invitación de ideólogos
neoliberales, el
Estado corrió a salvar el sistema financiero-bancario).
La catástrofe, en "Niños del
Hombre", no se espera a que
suceda ni tampoco es algo que ya ha sucedido. Sino, más bien, se la
sobrevive.
No hay un momento puntual del desastre, el mundo no va a terminar con un
bang,
sino que se desvanece, desentraña; se deshace gradualmente. Qué es lo
que causó
la catástrofe, quién sabe; su causa yace muy atrás en el pasado, tan
absolutamente distante del presente como si fuera el capricho de un ser
maligno: un milagro negativo, una maldición que ningún penitente puede
aminorar. Tal peste solo puede seraliviada por una intervención que no puede ser anticipada, de la
misma
forma que no lo fue el inicio de tal maleficio en el primer momento.La acción
no tiene una razón de ser; solamente la esperanza-sin-sentido tiene
sentido. La
superstición y la religión, los primeros refugios de los desamparados,
proliferan.
Pero que se puede
decir acerca de la catástrofe en si misma?. Es evidente que el tema de
la
esterilidad debe ser interpretado metafóricamente, como un
desplazamiento hacia
otro tipo de ansiedad. Desde mi punto de vista esta ansiedad clama por
ser
leída en términos culturales, y la pregunta que el film impone es:
cuánto puede
una cultura persistir sin lo nuevo?. Que pasa si los jóvenes ya no son
capaces
de producir sorpresas?.
"Niños del Hombre" se conecta con la sospecha de que el
final ya ha arribado, el
pensamiento de que éste bien puede ser el caso en que el futuro
solamente
albergue reiteraciones y re-permutaciones. Es posible que no haya más
quiebres,
"shocks de lo nuevo" por venir?. Este tipo de ansiedad resulta en una
oscilación bi-polar: la "mesiánica débil" esperanza de que debe haber
algo
nuevo en camino se transforma en la malhumarada convicción de que ya
nada nuevo
puede suceder. El foco gira de "La
Gran Cosa Nueva" a la última gran cosa - cuánto hace que pasó
y cuán grande fue?.
T.S.
Eliot se divisa en el
trasfondo
de "Niños del Hombre", la cual,
después de todo, hereda el tema de la esterilidad de "The Waste Land".
El epígrafe final de la película "shantih shantih
shantih" tiene más que ver con las piezas fragmentarias de Elliot que
con la
paz Upanisad. Tal vez es posible ver las preocupaciones de otro Eliot -
el
Eliot de "Tradition and the individual
talent" - cifrado en "Niños del Hombre". Fue en este ensayo que
Eliot,
anticipándose a Harold Bloom, describió la relación recíproca entre lo
canónico
(lo establecido) y lo nuevo. Lo nuevo se define a si mismo en respuesta a
lo
que ya está establecido; al mismo tiempo, lo establecido se debe
reconfigurar a
si mismo en respuesta a lo nuevo. Lo que Eliot decía era que el
agotamiento del
futuro ni siquiera nos deja sólo con el pasado. La tradición no cuenta
para
nada cuando ya no es puesta a prueba o modificada. Una cultura que
simplemente
es preservada no es para nada cultura.
El destino del
Guernica de Picasso en la película -alguna vez un grito desesperado de
angustia
e indignación contra las atrocidades del facismo; ahora un objeto que
cuelga de
la pared- es ejemplar. Como el espacio donde es colgado en Battersea en
el
film, la pintura obtiene estatus de "ícono" solo cuando es privado de
cualquier
posibilidad de función o contexto. Ningún objeto cultural puede retener
su
poder cuando ya no existen ojos nuevos para verlo.
No necesitamos
esperar por el futuro-cercano de "Niños
del Hombre" para ver esta transformación de la cultura en piezas de
museo.El
poder del realismo capitalista deriva, en parte, de la forma en que el
capitalismo subsume y consumo toda la Historia previa: un efecto de su
"sistema de
equivalencias" el cual puede asignar a todos los objetos culturales, sea
iconografía religiosa, pornografía o "Das
Kapital", un valor monetario. Solo hay que pasear por el British
Museum; donde
se pueden ver objetos arrancados de sus contextos naturales y
reconstruídos
como si lo hubieran sido en alguna nave espacial de Depredador; y se
puede
tener una poderosa imagen de este proceso en plena tarea. En la
conversión de
prácticas y rituales en simples objetos estéticos, las creencias de
culturas
anteriores son objetivamente ironizadas, transformadas en artefactos.
Entonces, el realismo capitalista no es un tipo
particular de realismo; es más bien el realismo propiamente dicho. Como Marx y Engels observaron en el Manifiesto
Comunista,
"(El Capital) ha hundido el más
divino extasis de fervor religioso, de
entusiasmo cortés, de sentimentalismo ignorante, en las heladas aguas
del
cálculo ególatra]. Ha
separado el valor
personal del valor de cambio, y en
lugar de las
innumerablese indeclinables libertades
adquiridas legitimamente , ha establecido una única e inescrupulosa
libretad -
El Libre Mercado. En una palabra, la explotación simple y llana,
desvergonzada,
directa y brutal, ha sustituido a la explotación velada por ilusiones
religiosas y políticas.".
Capitalismo es los
que queda cuando las creencias han colapsado en el nivel de la
elaboración
ritualista o simbólica, y todo lo que queda es el consumidor-espectador,
arrastrándose
a través de las ruinas y las reliquias.
Sin embargo, este
cambio de la creencia a la estética, del compromiso alespectaculo,
es
esperado que sea una de las
virtudes del realismo capitalista. Al proclamar, como lo expuso Badiou,
que nosha salvadode
las "fatales abstracciones" inspiradas por las "ideologías del pasado",
el
realismo capitalista se presenta como un escudo que nos proteje de los peligros
inherentes de la mismísima creencia. La
actitud de distancia irónica propia del postmodernismo capitalista
supuestamente nos inmuniza de las seducciones provenientes del
fanatismo. Bajar
nuestras expectativas, nos dicen, es un pequeño precio a pagar a cambio
de
estar protegidos del terror y el totalitarismo. "Vivimos en una
contradicción",
observó Badiou :
"una brutal situación ,
profundamente desigual - donde toda existencia es
evaluada en términos monetarios solamente - nos es presentada como un
ideal.
Para justificar su conservadurismo, los partisanos del orden establecido
no
pueden llamarlo; realmente; ideal o maravilloso. Entonces, en su lugar,
decidieron decir que todo el resto es horrible. Seguramente, ellos
dicen, no
podemos decir que vivimos en una condición de Bondad perfecta. Pero
tenemos la
suerte de que no vivimos bajo una condición de Maldad. Nuestra
democracia no es
perfecta. Pero es mejor que las malditas dictaduras. El Capitalismo es
injusto.
Pero no es criminal como el Stalisnismo. Dejamos que millones de
africanos
mueran de SIDA, pero no hacemos declaraciones de racismo nacionalista
como
Milosevic. Matamos iraquíes con nuestros aviones, pero no les cortamos
la
garganta con machetes como en Rwanda, etc.."
En este contexto, el
"realismo" es análogo a la perspectiva deflacionista de un depresivo que
cree
cualquier estado positivo, cualquier esperanza, es una ilusión
peligrosa.
En su recuento sobre
el capitalismo, seguramente uno de los más impresionantes desde el
realizado
por Marx, Deleuze y Guattari describen al capitalismo como una especie
de
potencialidad oscura que acechaba fantasmalmente todos los sistemas
sociales
previos.
El Capital, ellos
argumentan, es la "Cosa innombrable", la abominación, sobre la cual
sociedades
primitivas y feudales se había protegido de antemano.
Cuando finalmente
llega, el capitalismo trae con él la masiva desacralización de la
cultura. Es
un sistema que no es más gobernado por ninguna Ley trascendente;
contrariamente, desmantela todos esos posibles códigos, solo para
re-instalarlos sobre una base ad hoc.
Los límites del capitalismo no están fijados por una autoridad, sino
definidos
(y redefinidos) pragmática e improvisadamente. Esto convierte al
capitalismo en
algo muy parecido a "La Cosa"
en la película homónima de John Carpenter: un entidad
monstruosa,
infinitamente elástica, capaz de metabolizar y absorber todo aquello con
lo que
entra en contacto. El Capital, dicen Deleuze y Guattari, es una
"variopinta pintura
de todo aquello que fue"; un extraño híbrido entre la ultra-modernidad y
lo
arcaico. En los años transcurridos desde que Deleuze y Guattari
escribieron sus
dos volúmenes de "Capitalismo y
Esquizofrenia", parece ser como si los impulsos deterritorialistas
del
capitalismo se han confinado a las finanzas, dejando a la cultura ser
precedida
por las fuerzas de la reterritorialización.
Este malestar, el
sentimiento de que no hay nada nuevo es en sí mismo, nada nuevo, por
supuesto.
Nos encontramos en el muy afamado "fin de la historia" aseverada por
Francis
Fukuyama luego de la caída del muro de Berlín. La tesis de Fukuyama
acerca de
que la historia llegó a su climax con el capitalismo liberal puede haber
sido
ampliamente ridiculizada, pero es aceptada, incluso asumida, al nivel
del
inconciente cultural. Se debe recordar, sin embargo, que incluso cuando
Fukuyama adelantaba la teoría, la idea de que la historia había
aclanzado su puerto
final no era simplemente triunfalista. Fukuyama advirtió que su radiante
ciudad
sería acechada, pero el pensó que esos expectros serían nietzscheanos
más que
marxistas. Algunas de las páginas más premonitorias de Nietzsche son
aquellas
en las cuales describe la "sobresaturación de una era con historia". "Se
llevara una era hacia un peligroso sentido de la ironía en relación a si
misma"
escribió en Meditaciones Atemporales
(Untimely Meditations), "y subsecuentemente
hacia el mucho más peligroso sentido del cinismo", en el cual "la
digitación
cosmopolita",un espectadorismo
distante,
reemplaza el compromiso y la participación. Esta es la condición del
"Ultimo
Hombre" de Nietzsche, el que ha visto todo, pero es progresiva y
decadentemente
debilitado prescisamente por este exceso de (auto) conciencia.
La posición de
Fukuyama es, de alguna manera, un reflejo de aquella de Fredric Jameson.
Este
último ha sostenido, afamadamente, que el postmodernismo es la "lógica
cultural
del más recientemente capitalismo". Argumentó que el fracaso del futuro
era
constitutivo de una escena cultural posmoderna, la cual, como
correctamente
predijo, iba a ser dominada por el pastiche y el revisionismo. Teniendo
en
cuenta que Jameson ha hecho una convincente demostración de la relación
entre
la cultura del posmodernismo y ciertas tendencias en el capitalismo
consumista
(o post-Fordista), puede parecer que no hay necesidad, en absoluto, de
la
existencia de un concepto como el realismo capitalista. En algunos
aspectos,
esto es cierto. Lo que yo llamo realismo capitalista puede ser subsumido
bajo
la rúbrica del posmodernismo tal cual fue teorizado por Jameson. Aunque,
a
pesar de los heróicos trabajos de clarificacion de Jameson, el
posmodernismo
continúa siendo un término muy contrariado y polemizado; sus
significados,
apropiada pero inutilmente, inestablesy
múltiples. En gran medida, quisiera remarcarque algunos procesos que Jameson describió y analizó, ahora se
han
convertido en algo tan exasperante y crónico que han pasado por un
cambio en
respuesta a eso.
Finalmente, hay tres razones
por las cuales prefiero el término realismo capitalista al
posmodernismo. En
los años 80s, cuando Jameson daba a conocer su tesis sobre
posmodernismo,
todavía existían, al menos en nombre, alternativas políticas al
capitalismo. En
la actualidad, sin embargo, nos estamos enfrentando a un sentido del
agotamiento, de esterilidad cultural y política mucho más profundo y
omnipresente. El movimiento Really
Existing Socialism[3]
todavía persistía en los 80s, aunque en su fase final antes del colapso.
En Gran Bretaña, las líneas delimitadoras
del antagonismo de clases fueron expuestas en su totalidad en un evento
como la
Huelga de los Mineros del 1984-1985;
y la derrota de los mineros fue un importante momento en el desarrollo
del
realismo capitalista, al menos fue tan importante en su dimensión
simbólica
como en sus efectos prácticos. El cierre de minas fue sustentado,
precisamente,
en la justificación de que mantenerlas abiertas no era "económicamente
realista", y los mineros cumplieron los roles de los últimos actores de
romance
proletario condenado. Los 80s fueron el período en el cual se peleó por
el
realismo capitalista y en el que fue establecido, cuando la doctrina de
Margaret Tatcher acerca de que "no existe alternativa" - un slogan del
realismo
capitalista tan suscinto como se pudiera desear -se
convirtió en una brutal profecía autosuficiente[4].
En segundo término, el
posmodernismo implicaba
alguna relación con el modernismo. El trabajo de Jameson sobre
posmodernismo
empieza con un interrogante sobre la idea, apreciado por pensadores como
Adorno, acerca de que el modernismo poseía potenciales revolucionarios
debido a
sus innovaciones formales solamente. Lo que Jameson vio que estaba
sucediendo,
en cambio, era la incorporación de motivos o características propias del
modernismo en la cultura popular (de repente, por ejemplo, aparecían
técnicas
propias del Surrealismo en la publicidad). Al mismo tiempo en que las
formas
particulares del modernismo eran absorbidas y convertidas en algo
comercializable, los credos del modernismo - su supuesta creencia en el
elitismo y su modelo cultural de arriba hacia abajo - eran deficientes y
rechazados en nombre de la "diferencia", la "diversidad" y la
"multiplicidad". El
realismo capitalista ya no se interesa por expresar este tipo de
confrontación
con el modernismo. Todo lo contrario, da por sentado la derrota del
modernismo:
ahora el modernismo es algo que puede retornar periodicamente pero solo
como una
especie de estética congelada, nunca como una ideal de vida.
En tercer lugar, una
generación completa ha pasado desde el derrumbe del muro de Berlín.
Durante los
años 1960s y 1970s, el capitalismo tuvo que enfrentar el problema sobre
cómo
contener y absorber las energías del exterior. Ahora, de hecho, tiene el
problema opuesto: habiendo incorporado la externalidad de una manera tan
exitosa, como puede funcionar sin la existencia de un exterior al que
pueda
colonizar y apropiar?. Para la mayoría de las personas menores de veinte
años
en Europa y Norte Amércia, la falta de alternativas al capitalismo ya no
es un
tema por el cual preocuparse, siquiera. El capitalismo ocupa fluídamente
los
horizontes de lo pensable. Jameson solía horrorizarse acerca de las
maneras en
que el capitalismo se había filtrado en el mismísimo inconciente;
actualmente,
el hecho de que el capitalismo haya colonizado la vida soñada de la
población
es algo tan dado por sentado que ni vale la pena el comentario. Sería
peligroso
y erróneoimaginar que el pasado más
cercano fue
una especie de estado prelapsario[5]
contaminadocon potenciales políticos,
lo mismo
sucedería al momento de tratar de recordar el rol que jugó la
mercantilización
en la producción cultural a través de todo el siglo veinte. Actualmente
la
vieja lucha entre detournement y
recuperación, entre subversión e incorparación parece haber sido dejada
de
lado. Con lo que nos estamos enfrentando ahora no es el problema de la
incorporación de materiales que anteriormente parecían poseer potencial
subversivo, sino, en su lugar, su "precorporación":
la preventiva organización y formación de deseos, aspiraciones y
esperanzas por
la cultura capitalista. Observemos, por ejemplo, el establecimiento de,
las ya
asentadas, zonas culturales "alternativas" o "independientes", que
repiten
viejos gestos de rebelión y contestación hasta el hartazgo como si fuera
la
primera vez. "Lo alternativo" y "lo independiente" no designan algo
fuera de la
cultura mainstream; mas bien, son estilos, de hecho los estilos
dominantes, dentro del mainstraim (o cultura
hegemónica). Nadie a encarnado (o luchado contra) este conflictivo punto
más
que Kurt Cobain y Nirvana. En su espantosa lasitud y su ira sin ninguna
finalidad, Cobain parece
haber dado una fatigada voz a los descorazonados de la generación que ha
venido
después en la historia,
cuyos
movimientos fueron anticipados, seguidos, comprados y vendidos antes de
que
hayan podido siquiera suceder. Cobain sabía que era solamente otra pieza
del
espectáculo, que nada funciona mejor en MTV que una protesta contra MTV;
sabía
que cada uno de sus movimientos eran un cliché programado por
adelantado,
incluso dándose cuenta que eso es un cliché. El impasse que paralizó a
Cobain
es, precisamente, el mismo que describió Jameson: como la cultura
posmoderna en
general, Cobain se encontró a sí mismo en "un mundo donde ya no es
posible
ninguna innovación estilística, (donde) lo que resta es imitar estilos
muertos,
hablar a través de las máscaras y con las voces de los estilos en el
museo
imaginario". Acá, incluso el éxito implica el fracaso, desde el momento
en que
para triunfar solo significaría que vos sos la carne nueva con la cual
el
sistema se puede alimentar. Pero la angustia existencial de Nirvana
y Cobain pertenecen a un momento más antigüo: los que los
sucedió a
ellos fue un rock-pastiche que reprodujo las formas del pasado sin
ansiedad.
La muerte de Cobain
confirmó la derrota e incorporación de las ambiciones utópicas y
prometeas del
rock. Cuando murió, el rock ya se encontraba eclipsado por el hip hop,
cuyo
éxito global ha presupuesto el tipo de precorporación
por el capital a la que aludí más arriba. Por
tanto
hip
hop, cualquier ingenua esperanza de que la cultura joven puede
cambiar algo ha sido reemplazada por la terca adopción de una versión
brutalmente reduccionista de "la realidad". "En el hip hop", apuntaba
Simon
Reynolds en una ensayo para la revista The
Wire en 1996,
"lo real" tiene dos significados.
Primero,
significa música auténtica, sin compromisos, que se niega a venderse a
la
Industria de la música y aminorar sus mensajes solo para hacer el cruce
al
mainstream, lo popular. "Lo real" (real,
en inglés) también significa que la música refleja una "realidad"
constituída
por la inestabilidad económica del capitalismo más reciente, el racismo
institucionalizado, el incremento de los sistemas vigilanciay
el acosoa
los jóvenes por parte de la policía. "Ser real", "lo real" significa la
muerte
de la dimensión social: significa corporaciones que reaccionan frente a
los
mayores beneficios económicos no aumentando los salarios o mejorando los
beneficios de los trabajadores sino a través del...downsizing (el
despido de la fuerza de trabajo permanente para
crear pools de trabajadores de tiempo
parcial y "freelance" sin ningún tipo de beneficios o estabilidad
laboral).
Al final, fue
precisamente la interpretación que hizo el hip hop de esta primera
versión de
lo real -"lo intransigente"- que permitió su fácil absorción hacia la
segunda,
la realidad de la inestabilidad económica capitalista más reciente,
donde tal
autenticidad ha demostrado ser altamente comercializable. El Gangster
Rap no
refleja simplemente las condiciones sociales pre-existentes, como muchos
de sus
defensores reclaman; ni causa esas condiciones sencillamente, como
argumentan
sus críticos - sino más bien el circuito a través del cual el hip hop y
el
campo social del capitalismo reciente se retroalimentan es uno de los
medios
por el cual el realismo capitalista se transforma en una especie de mito
anti-mítico.
La afinidad entre el
hip hop y las películas de gangsters como Scarface, la
trilogía de El
Padrino, Perros de la Calle, Buenos Muchachos y Pulp
Fiction
surge de su afirmación
común acerca de haber despojado al mundo de sus ilusiones sentimentales y
verlo
"por lo que realmente es": una guerra hobbesiana de todos contra todos,
un
sistema de perpetua explotación abusiva y criminalidad generalizada. En
el hip
hop, escribe Reynolds, "ser o mantenerse "real" es confrontar un "estado
natural" donde sobrevive el más fuerte, donde uno es un ganador o un
perdedor y
donde la mayoría serán perdedores".
La misma visión neo-pesimista del
mundo se puede encontrar en los
comics de Frank Miller y en las novelas de James Ellroy.
Hay una
especie de machismo de la desmitologización en los trabajos de Miller y
Ellroy.
Ellos se plantancomo observadores
inquebrantables que se rehusan a petrificar el mundo para que puede
encajar en
la, supuestamente simple, ética binaria del superheroe de comic y la
novela de
crimen tradicional.
En estos casos el "realismo" está
de
alguna manera más bien resaltado, en lugar de disminuido, por la
obsesión de
estos autores en lo escabrosamente corrupto-
a pesar de la insistencia hiperbólica en la
crueldad, la traición y el salvajimo, en ambos escritores, esto
rápidamente se
convierte en pantomímico. "En su gran y densa oscuridad ", escribió Mike
Davis sobre Ellroy en 1992, "no
queda ninguna luz para reflejar sombras y el mal se convierte en una
banalidad
forense. El resultado se palpa como algo muy similar a la textura moral
de la
era Reagan-Bush: una supersaturación
de corrupción que ni siquiera logra escandalizar o incluso interesar".
Entonces
esta mismisima desensibilización es funcional al capitalismo realista.
Davis
llega a la hipótesis que "el rol (postmoderno) (de la novela de James
Ellroy de
1998) L.A. noir" puede haber sido "promocionar el surgimiento del homo-reaganus".
[1]
[N. del T.] Artefacto
entendido como cualquier objeto, por ejemplo una herramienta, un arma,
etc. Que
fue hecha en el pasado y que tiene importancia histórica
[2][N.
del T.] La palabra a que hace referencia en inglés es "dystopia" que no
tiene
una correlación directa con alguna palabra en castellano. La "dystopia" o
lugar, espacio distópico, para llamarlo de alguna manera, hace
referencia a un
lugar imaginario donde la vida es extremadamente difícil y donde se
suceden
muchas cosas injustas e inmorales.
[3]
[N. del T.] El Socialismo Real
o Really Existing Socialism fue un término
introducido durante los años
70s para referirse a los estados socialistas de facto, como los que se
encontraban en el Bloque del Este - los estados comunistas del Este y
Centro de
Europa , incluyendo los países del Pacto de Varsovia, Yugoslavia y
Albania, que
no estuvieron alineados con la Unión Soviética hasta después de 1948 y
1960,
respectivamente - y diferenciarlo del socialismo tradicional (o ideal).
En este
caso "Real" hace referencia a que no todas las promesas utopícas de
socialismo
y comunismo pueden pudieron ser implementadas desde el principio,
entonces este
socialismo real era un paso hacia el socialismo ideal o prometido.
[4][N. del
T.] En este caso el término autosuficiente
hace referencia a algo que se convierte en verdadero porque uno espera
que sea
verdadero y por lo tanto se comporta de una manera que va a hacer que
eso
suceda.
[5][N. del T.] La palabra "prelapsarian" no tiene
un correlato directo al castellano. La misma hace referencia a un
período
previo a la caída de Adán y Eva.
Traducción: Emi Boero
* Primer capítulo del compedio de
artítulos titulado "Capitalist Realism" editado por Zero
Books en el 2009.
Mark
Fisher es un periodista de rock, escritor, teórico y profesor.
Sus
escritos aparecen editadas regularmente en revistas como New
Statesman, The Wire and
Sight & Sound. Fue un miembro
fundador del Cybernetic Culture Research Unit.
Actualmenteinvestigador visitante en the Centre for
Cultural Studies at Goldsmiths,
University of London y tutor en Filosofía City Literary
Institute, London. Su weblog se puede encontrar en at
http://k-punk.abstractdynamics.org.
Una interesante discusión sobre el estado actual de la producción cultural se pueden encontrar en las opiniones vertida en este thread
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